Emiten discurso en Zapoteco para hablar sobre los sismos en la Guelaguetza en 2017

19 de Septiembre de 2019




En el marco de la celebración de 2019 como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas, hizo uso de la tribuna Feliciano Carrasco Regalado, para emitir mensaje en Zapoteco, en donde narró su experiencia sobre los sismos en la Guelaguetza en 2017.

 


Discurso:

 

Nací y crecí en Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, mi lengua madre es el Zapoteco. De grande me vine a la Ciudad de México a estudiar. Cuando ya tenía más de 20 años de radicar en la Ciudad y después de haber hecho muchas amistades con paisanos oaxaqueños, particularmente del Istmo, empecé a conocer por la ciencia, la música y el arte a muchos artistas radicados aquí, no sólo de Oaxaca sino de todos los estados del País.

 

En mi estado natal, la Guelaguetza es hacer “pariente” o dar un apoyo solidario a los demás y viceversa. Este concepto ha tomado mucha fuerza, lo practicamos en ésta ciudad y en nuestros pueblos, ayudándonos no sólo en las convivencias, sino también en las desgracias que puedan presentarse. Fue así que los paisanos nos empezamos a reunir hace algunos años por la colonia Moctezuma, en la Ciudad de México, para compartir la comida istmeña, los mezcales, el arte, la cultura y practicar la lengua zapoteca con el maestro Macario Matus, periodista, escritor y promotor juchiteco. Por supuesto, el apoyarnos mutuamente no sólo fue con los paisanos de nuestra cultura, sino también con amigos de otras culturas y comunidades indígenas radicados en esta ciudad.

 

De niño ya sabía qué eran los temblores, porque en Juchitán se movía la tierra a cada rato, además, existe un dios del temblor que, según las creencias zapotecas, “mueve la tierra” cada ciclo o cuando está enojado, dejando el cielo “aborregado”, pero nunca había vivido un temblor como el del 7 de septiembre de 2017, que me agarró en una zona muy riesgosa: el corazón de Tlatelolco.

 

Después del temblor, a través de las redes sociales me llegaron varias imágenes, la gran mayoría, casas caídas en Juchitán y los pueblos aledaños. Había ocurrido una gran catástrofe en el Istmo. Al día siguiente, el 8 de septiembre, decidí abrir como lugar de acopio el Centro Cultural Macario Matus, ubicado en Tlatelolco, en la planta baja del edificio Guanajuato, para apoyar a los paisanos enviando víveres, medicamentos, ropa y artículos de primera necesidad donados por universidades de otros estados, paisanos y población en general radicada en la Ciudad de México, con lo que logramos mandar varios camiones, que a su vez eran recibidos en las comunidades por gente del equipo de trabajo del Centro Cultural. La ayuda no sólo llegó a Juchitán y Tehuantepec, sino también a pueblos mareños y muchos más alejados del corazón del Istmo.

 

No fue una tarea sencilla enviar la ayuda, tuvimos que buscar apoyo para el transporte, voluntarios para organizar y empaquetar los víveres, así como para cargar y descargar los camiones, incluso, muchas veces financiamos nosotros mismos el envío y la comida para el equipo de trabajo. También se realizaron conciertos y recitales en los que colaboraron solidariamente artistas oaxaqueños y no oaxaqueños para obtener donativos en especie.

 

Mes y medio fue el periodo que estuvimos funcionando como centro de acopio, fuimos el primer centro en abrir y el último en cerrar, algunas veces fue necesario quedarnos a dormir fuera de las instalaciones, cuidando y esperando algún cargamento del interior de la república, cuando las toneladas de donaciones sobrepasaban el local y no cabía más. Pero la satisfacción de lograr poner un granito de arena, de ver en los videos enviados por nuestro equipo el rostro de los paisanos alegrándose por recibir los víveres, de hacer “Guelaguetza”, de dar “el pariente”, de hermanarnos en medio de la catástrofe, eso es lo que ganamos en nuestros corazones todos y cada uno de los que participamos en tan ardua jornada.

 

El sentido del apoyo solidario forma parte del pensamiento colectivo de nuestra raíz cultural oaxaqueña, el cual, por más alejados que estemos de nuestra tierra, no es olvidado, sino acogido y reproducido, recordándonos que algún día también fue llevado a cabo por nuestros ancestros. 



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