Cuestiona en discurso el desplazamiento de las lenguas indígenas frente al español

12 de Marzo de 2019


Desde la tribuna, del ciudadano Víctor Cata en el marco de la celebración de 2019 como Año Internacional de las Lenguas Indígenas

Discurso: 

Dos casas

“Si yo supiera quién inventó el zapoteco lo colgaría del árbol más alto de Juchitán. Escúchenme, es la última vez que se los digo: ¡No quiero que lo vuelvan a hablar! Es un dialecto. No sirve para nada. Apréndanse el español y podrán caminar por el mundo sin renquear’’.

El hermano menor de mi abuela paterna, así nos los dijo a todos los niños de la casa, y todos los varones adultos que estaban allí lo aceptaron, incluyendo a papá.

El zapoteco lo usé con toda libertad detrás de la casa y en los callejones con los vecinos; también cuando visitaba a mi abuela materna que vivía al sur, detrás del río. Ella no hablaba español y además no tenía parientes que estuvieran sublimados por este idioma.

Cuando me acercaba a su cocina para pedirle un “pocillo” de café, me respondía:

Rari’ gaxti’ posiu, xiga nga nuu ne rari’ qué rinidu diidxastia, cadi dxu’di’ laadu, guni’ diidxazá ti nganga laanu.

“Aquí no hay pocillos, sólo jícaras; y aquí no se habla el español, sólo el zapoteco, no somos extranjeros, somos nuestro idioma, háblalo”.

Estas políticas lingüísticas confrontadas me oscilaron, cual badajo, entre hablar y no hablar el diidxazá, el idioma de las nubes. En este suspenso me volví bilingüe y literalmente me partí en dos. La impronta de aquellos días me señala hasta la fecha qué idioma usar con mis parientes. Con los Vásquez uso el español y con los Castillejos el zapoteco.

Si buscásemos el porqué del desplazamiento de las lenguas indígenas frente al español, nos toparíamos con la Cédula Real que expidieron los Borbones el 16 de abril de 1770, en donde se establece que se le quite el poder y los beneficios a todos los gobernantes indígenas que hablen o que consientan que se hablen las lenguas indígenas en sus territorios.

  • La política lingüística de los Borbones rebasó la época colonial y se alojó en los cimientos de la nación mexicana. Dos autores muy importantes del siglo XIX en México, y que fueron algunos de los constructores ideológicos de la nación, me hacen suponer lo anterior, me refiero a los dos Ignacio. Uno, Ramírez y el otro, Manuel Altamirano. En estos autores se puede apreciar una visión paternalista y compasiva del mundo indígena, un mundo al que consideraban carente de los conceptos tan en boga de aquellos días, tales como: saber, instrucción, educación, ciencia y civilización. Dichos conceptos, según estos autores, se podían encontrar solamente en pueblos desarrollados como los europeos. Nicole Girón afirma que los programas educativos de estos dos intelectuales decimonónicos estaban orientados a españolizar a los indígenas mediante las escuelas para que se vincularan entre sí y pudieran acceder a la civilización.

  • Victor Cata, Juchitán de Zaragoza, Oaxaca.

    Escritor, historiador, traductor y lingüista zapoteco. Licenciado en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM y Maestro en Lingüística Indoamericana por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social CIESAS.

La política lingüística que han seguido las autoridades en el país han separado al español de las lenguas indígenas. En mi caso, y creo que en la de muchos, nos tocó vivir las dos políticas lingüísticas que he referido al principio de este texto: una, hablar el español porque es el idioma del estado, el que emplea el sistema educativo, el que nos garantizará una educación que nos permitirá mejorar nuestro nivel de vida. La otra, la de parapetarse detrás de los idiomas indígenas y esperar, que otra cosa podemos esperar, sino la muerte.

  • Según los datos del Inegi en 2010, la ciudad de Juchitán tenía 42 mil 762 hablantes del zapoteco. Pese a estos datos confortantes, los juchitecos aún seguimos viviendo en medio de dos políticas lingüísticas, vivimos en la paradoja, entre aceptar lo que nos han enseñado, que el zapoteco es un idioma limitado geográficamente, que entorpece la educación porque enreda la lengua, como si el zapoteco tuviese una soga, cual trampa, con la que derriba las palabras castellanas de nuestras lenguas y nos hace hablar tan chistoso:

    - Tío, allá vi a un niño tamaño de mí.

    - ¡Qué! ¿Qué dijiste?

    - Perdón, era tamaño de yo.

    O aceptar que el zapoteco es una parte de nuestra identidad, la que se presume ante el extranjero, la que hay veces nos mete en un camino lodoso cuando nos preguntan:

    - ¿Y tus sobrinos, y tus hijos hablan el zapoteco?

    - No.

    - ¿Y eso?

    - Bueno, ya lo aprenderán cuando crezcan.

    ¿Será cierto esto? o es la frase que nos saca de un camino lodoso.

    Lo que presencio ahora es que el zapoteco está dejando de ser una lengua materna para pasar ya no a un segundo plano, sino a formar parte de la memoria de hablantes pasivos.

    Mientras tanto parafraseo lo dicho por Yves Rouquette: Todo lo bilingüe que ustedes quieran, pero de lengua materna diidxazá.

    Víctor Cata


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